Cinco sedes y más de mil personas entre todas. Las citas llegaban por teléfono, desde la web y desde agregadores de reservas, y cada vía aterrizaba en un sitio distinto: la agenda en el sistema clínico, las llamadas en la centralita, y las reservas de los agregadores las reteclaba recepción. Confirmar y recordar se hacía por llamada cuando había tiempo, así que alrededor de una quinta parte de los pacientes no aparecía, y el hueco que dejaba una cancelación se quedaba sin más vacío. Las visitas de seguimiento y las analíticas de control dependían de que el paciente se acordara o de que un médico lo viera en la siguiente cita. Los resultados se entregaban en recepción: cola en el mostrador y una línea ocupada con la misma pregunta. Las quejas las leía quien llegaba antes, sin clasificación alguna, y la calidad de las consultas se revisaba escuchando unas pocas grabaciones por semana.
Los datos médicos se quedan donde están: el sistema clínico sigue siendo la fuente de verdad de la ficha y de la agenda, y la plataforma se sitúa a su lado sosteniendo al paciente, la visita y todo lo que a ese paciente le toca después. Esa capa operativa vive en PostgreSQL; el sistema clínico, la centralita, la web y los agregadores están conectados a ella, de modo que un hueco ocupado en un canal está ocupado en todos. El modelo que analiza las llamadas está detrás de una interfaz y es reemplazable a propósito: cada pocos meses sale algo mejor y movemos al cliente sin tocar lo demás.
Cada circuito salía primero en una sede y solo llegaba a las otras cuatro cuando ya se sostenía allí.
Porque aquí no sustituimos el sistema clínico. Reescribirlo habría supuesto migrar historias clínicas, reformar todas las sedes a la vez y hacernos cargo de un sistema regulado del que no nos corresponde hacernos cargo: un año de trabajo con mal final. En su lugar, cada circuito salió en una sede, allí se corrigió y solo después llegó a las otras cuatro. La sincronización de agenda y los recordatorios ya se estaban pagando solos mientras se construían el call center y la evaluación de calidad. Tres meses es el plazo honesto para ese enfoque; una reescritura no habría terminado ni en doce.
Las páginas de servicio explican el método detrás de este proyecto; las de soluciones toman los mismos bloques por separado, cada uno con su alcance y su precio.
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